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Plomada de albañil: qué es y cómo se usa

La plomada de albañil es una herramienta básica en la construcción, tan básica que nos ha acompañado durante milenios: el uso de la plomada de albañil está documentada ya en el antiguo Egipto, y llega a nuestros días sin modificaciones. Es fascinante saber que la misma herramienta ha ayudado en la construcción de templos romanos, en la construcción de hermosas catedrales góticas o en la construcción de innumerables edificios a lo largo de la historia. Por lo que nos hallamos ante un elemento de construcción con una vida longeva en la colocación de baldosas.


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¿Qué es una plomada de albañil?

Una plomada de albañil es un cuerpo metálico, generalmente cilíndrico (aunque en ocasiones puede que ese cilindro esté formado de varias caras planas) y acabado en un cono, que está unido a un hilo o cordel, que a su vez está unido a una placa metálica que ejerce de separador con respecto a la pared que vamos a medir.

La gravedad terrestre es el único recurso que usa esta herramienta, puesto que, al colgar desde lo alto de una pared, el hecho de que el cono roce a penas la superficie nos mostrará si la pared está perfectamente perpendicular al suelo o no. De esta forma, tenemos una herramienta de alta precisión que no necesita de ningún tipo de ajuste, dado que siempre realizará su cometido de forma exactamente igual, porque depende únicamente de la atracción gravitatoria de nuestro planeta.

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Posibles situaciones

Cuándo la plomada de albañil queda en una posición perfectamente vertical y el cono roza a penas la pared, decimos que la pared está a plomo. Ésta es, precisamente, la situación ideal. Si la pared todavía no se ha levantado. Usaremos la plomada de albañil para trazar maestras (líneas de referencia que pueden ser hilos o listones de madera o metal) que nos permitan tener una referencia continua a la hora de ir levantando el muro.

Cuándo la pared no está a plomo (es decir, que tenga cierto desplome), pueden darse dos situaciones:

  • Si el cono no toca la pared, se dice: la plomada vuela (es decir, la parte superior de la pared está más cerca de nosotros que la inferior).
  • Si por el contrario, el cono reposa en ella, se dice: la plomada duerme. En este caso, lo que está sucediendo es que la pared tampoco es perpendicular al suelo, pero esta vez porque la parte inferior de la pared está más cerca de nosotros que la parte superior.

IMPORTANTE: Determinar la perpendicularidad de un muro antes de continuar con el resto de la obra puede llegar a ser determinante para el resultado final.

Con esto, podemos saber si la pared es completamente vertical o no. Sin embargo, en ocasiones, y por requerimiento del diseño del edificio, puede ser que el desplome sea necesario, a lo cual se denomina desplome programado.

Si necesitamos muros inclinados, podemos determinar la diferencia entre la base y la parte superior añadiendo tanta distancia como sea necesaria a la placa superior. De este modo controlamos la inclinación que debe tener el muro.

Otros usos de la plomada

La plomada se puede usar también para medir distancias verticales, apoyando la punta en el suelo para determinar con la longitud del hilo la distancia entre el pavimento y el techo (de esta forma se podía determinar en qué lugar había que hacer la separación de los diferentes pisos del edificio).

También se solía usar, cuando no se disponía de herramientas más sofisticadas, para determinar el ángulo de una pendiente, usando la plomada de albañil junto a un triángulo de madera, que llevaba marcadas en la hipotenusa varias líneas en función del ángulo de inclinación. Incluso se podía usar para medir la fuerza del viento que incidía sobre el plomo, observando la inclinación que producía en el hilo.

Todas estas funciones se realizan hoy en día con aparatos digitales de alta precisión, que incluyen medidores digitales o que funcionan mediante haces de láser. Algunas siguen incluyendo el plomo como elemento medidor. Sin embargo, siempre es bueno conocer las herramientas históricas de la construcción, puesto que nos proporcionan una ayuda inestimable con sus pocos y simples componentes, y nos liberan de la dependencia de la corriente eléctrica o las baterías. La plomada de albañil, por muchos milenios que pasen, seguirá siendo una herramienta fiable y sencilla para llevar a cabo todo tipo de construcciones.

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